Visita Ad Limina Apostolorum

Se conoce por “visita ad limina apostolorum”, la visita que tienen que hacer los obispos del mundo a Roma para dar cumplida cuenta de sus diócesis. El nombre viene del latín y significa “los umbrales de los Apóstoles”, refiriéndose a los apóstoles San Pedro y San Pablo.
La Iglesia, una, santa, católica y apostólica, tiene como cabeza invisible a Cristo el Señor, piedra angular de la Iglesia. Pero la Iglesia tiene también una cabeza visible, Pedro, Vicario de Jesucristo, a quien el Señor confirió la suprema autoridad sobre ella, al decirle: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Te daré las llaves del Reino de los cielos. Lo que atares en la tierra, quedará atado en el cielo y lo que desatares en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mt 16,18-19). A Pedro y sus sucesores, los Obispos de Roma, confió el Señor el servicio de confirmar a sus hermanos en la fe (Le 22,32), de apacentarlos y guiarlos a la salvación (Jn 21,15-17). El Papa es, por tanto, el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de fe y de comunión (LG 18).
Los Apóstoles, después de Pentecostés, cumpliendo el mandato de Jesús, dejan Jerusalén para anunciar el Evangelio en el mundo entonces conocido. Surgen así a lo largo de toda la antigüedad cristiana las iglesias particulares o diócesis, presididas por un Obispo, sucesor de los Apóstoles, que junto con sus presbíteros y diáconos, hace presente a Jesucristo, sirve a los fieles el pan de la Palabra y de la Eucaristía y cumple en un territorio determinado el ministerio de la salvación.
Las Diócesis, presentes en todas las partes del mundo, han de vivir la comunión eclesial, que hace de ellas la única Iglesia de Jesucristo. Para manifestar y robustecer esa comunión, la ley de la Iglesia establece que cada cinco años los Obispos residenciales han de venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, visitar al Santo Padre y a los organismos de la Curia Romana y presentar un informe sobre la situación de su Diócesis.
En mi caso, es la primera vez que realizo la Visita Ad Limina como Obispo residencial. Hace seis años atrás lo hice como Obispo Auxiliar de Riobamba. Acontecimiento que recuerdo como una verdadera gracia de Dios, una auténtica inmersión en las raíces apostólicas de nuestra fe y una experiencia fuerte de catolicidad, que en ningún sitio se percibe con tanta intensidad como en Roma. En las vísperas de esta visita, les confieso mi alegría por esta nueva gracia que el Señor me concede. Estoy seguro de que va a ser una ocasión privilegiada para sentir muy a lo vivo la unidad de la Iglesia y la colegialidad episcopal.
Visitaremos con los demás Obispos los organismos de la Curia Romana y participaremos en la audiencia que el Papa Francisco nos concederá a todos y en la que escucharemos su mensaje. En él se referirá muy probablemente al momento presente de la Iglesia en Ecuador y nos dará orientaciones valiosas para seguir anunciando a Jesucristo en nuestras Diócesis.
Los Obispos rezaremos ante los sepulcros de los Apóstoles para que seamos fieles a nuestras raíces cristianas, al Sucesor de Pedro y a la fe que nos transmitieron los Apóstoles, pido también al pueblo católico del Carchi, nos acompañe con sus oraciones, para que la Visita Ad Limina sea para la Iglesia en Ecuador, una gracia de Dios, ocasión para renovar nuestra fe y nuestro compromiso apostólico y robustecer la comunión con el Papa.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Fausto Feliciano Gaibor García,
OBISPO DE TULCAN

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