7 de enero de 2026

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Eclesiales - Enero 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR

¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?

¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?

La Epifanía, revelación de Dios para toda la humanidad. Referencial

Eclesiales 2

Lucy Jiménez / La Prensa

Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. La palabra epifanía significa “manifestación”. En este sentido, esta celebración nos ayuda a comprender que Nuestro Señor Jesucristo se ha manifestado o revelado como Salvador de todo el género humano y no solamente del pueblo judío.

Por ende, la Epifanía del Señor garantiza que realmente ha llegado el tiempo del “universalismo de la salvación de Dios” y así se han cumplido las profecías del Antiguo Testamento: «El Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos. En aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; alegrémonos y gocémonos con la salvación que nos trae» (Is 25,6-10).

En consecuencia, los “Magos” o sabios venidos del oriente representan a todos los hombres y mujeres que por distintos caminos buscan a Dios, que quieren conocerlo, amarlo y seguirlo con fidelidad y así realizan en sus vidas el deseo del salmista: «¡Que te den gracias los pueblos, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias. Que se alegren y salten de gozo las naciones porque riges al mundo con justicia!» (Salmo 67).

El evangelio dice que los sabios caminaron guiados por una estrella. Para nosotros, el simbolismo de la estrella que día a día nos guía por el camino correcto que dirige a Jesús, puede tener un significado muy amplio: se refiere a la fe, a la Palabra de Dios, a la oración, a los sacramentos, el testimonio de los santos y santas, entre ellos la Santísima Virgen María y por qué no, la vida ejemplar de tantas personas que igualmente nos encaminan, orientan y sostienen en el camino de la fe. El desafío consiste en que nosotros, al igual que aquella estrella sideral logremos llevar y poner en comunión con Jesucristo por lo menos a las personas de nuestra propia familia.

El nacimiento de Jesús fue motivo de mucha alegría y consuelo especialmente para los pobres y humildes entre ellos José, María, Isabel, los pastores, no así para Herodes y los habitantes de Jerusalén, quienes al escuchar aquella noticia, se llenaron de sobresalto. De igual manera hoy, la presencia de Jesús, del Reino de Dios y de la Iglesia es motivo de estorbo, preocupación y hasta ira para muchos en todo el mundo, por eso se ha fortalecido la persecución en contra de los cristianos.

Al llegar a la gruta de Belén, los Magos le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. En cambio, nosotros, el mejor regalo que podemos poner en las manos de Jesús es nuestra propia vida, nuestro corazón: «Les ruego, hermanos, que se ofrezcan ustedes mismos como sacrificio vivo, santo y agradable a él: ¡este es el auténtico culto! » (Rm 12,1).