16 de enero de 2026

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Reportaje - Enero 2026

VOCES DE LA MIGRACIÓN VENEZOLANA EN LA FRONTERA NORTE

Redacción por: Nayib Armas

Entre la esperanza y la cautela: migrantes venezolanos en Tulcán reaccionan ante la captura de Maduro

La noticia de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos remueve emociones profundas entre venezolanos que hoy viven y trabajan en Tulcán. Sus testimonios reconstruyen el origen del éxodo, el paso por Rumichaca y las expectativas —todavía prudentes— frente a un posible cambio en su país de origen.

La llegada de Nicolás Maduro al poder, tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, marcó el inicio de una de las etapas más complejas de la historia reciente de Venezuela. Con el paso de los años, la crisis económica, la escasez de alimentos y medicinas, la hiperinflación y el deterioro de los servicios básicos empujaron a millones de ciudadanos a abandonar su país. A partir de 2017, el fenómeno migratorio se intensificó y convirtió a Colombia y Ecuador en rutas obligadas de paso y destino.

En ese contexto, el puente internacional de Rumichaca se transformó, especialmente entre 2018 y 2019, en escenario de un flujo humano constante: familias enteras, jóvenes solos, adultos mayores y niños cruzaban con mochilas, maletas improvisadas y la incertidumbre a cuestas. Tulcán, como ciudad fronteriza, fue testigo directo de esa llegada masiva que continuó, con altibajos, en los años posteriores.

Hoy, varios de esos migrantes se han establecido en la capital carchense. Trabajan, forman redes, rehacen su vida. Por eso, la noticia internacional sobre la captura de Maduro no les resulta lejana: toca una herida abierta y despierta, al mismo tiempo, una esperanza largamente postergada.

“Ellos nos comieron la juventud”

César Nava llegó a Ecuador en 2017, cuando el éxodo venezolano comenzaba a sentirse con fuerza. Recuerda ese momento como una salida forzada por la escasez y el hambre. En Venezuela se dedicaba al comercio y cursaba el octavo semestre de desarrollo empresarial, estudios que no pudo concluir.

“Salí de mi país en un tiempo de escasez y hambruna, estaba muy dura la situación allá”, relata. Al llegar a Ecuador fue recibido por su hermana y, con el tiempo, encontró estabilidad trabajando como barbero en Tulcán.

Sobre la captura de Maduro, su reacción es directa: “Yo creo que es la mejor noticia que no me han dado en mucho tiempo. Hay una luz, hay una esperanza ahora”. Para César, el régimen marcó a toda una generación. “Ellos nos comieron la juventud, nos mataron. No había nada, solamente escasez y pobreza”.

Aunque asegura sentirse agradecido con Ecuador, no descarta un eventual retorno. “No está en mis planes ahora, pero ya hay una esperanza de ir a visitar. Esto está caliente todavía, recién empieza”

Caminos largos y decisiones difíciles

Giancarlo Losrojas, oriundo de Anzoátegui, lleva apenas 10 meses en Ecuador, aunque su historia migratoria comenzó antes. Salió por primera vez en 2018, regresó a Venezuela con la esperanza de un cambio y volvió a emigrar al comprobar que la situación seguía igual o peor.

“La ruta es tremenda, pero para adelante”, dice al recordar las caminatas y esperas en Cúcuta antes de llegar a Ecuador. Asegura que en Tulcán logró una estabilidad que hoy valora, pese a las dificultades iniciales.

Desde su experiencia, la caída de Maduro es justa. “Está bien porque se lo merecía por la situación que tiene el país”. Sin embargo, mantiene cautela sobre un retorno. “Eso no se acomoda ahorita. Tal vez en unos cuatro o cinco años. Mientras tanto, seguir aquí en Ecuador”.

Esperar sin soltar el arraigo

José Daniel Mesana, del estado de Aragua, llegó a Ecuador hace tres años. En Venezuela vivía entre la casa de su abuela y la de su pareja, con una economía “normal”, hasta que la situación política y social lo obligó a salir.

Ingresó por Cúcuta, pasó por Bogotá y finalmente se estableció en Tulcán. Los primeros meses fueron duros: recicló para subsistir hasta conseguir un empleo estable. Hoy, frente a la captura de Maduro, considera que se abre una posibilidad distinta para su país.

“Hay que esperar la mejoría del país. Ya no estando ese presidente, puede que se pueda recuperar”, afirma. Aunque reconoce que el cambio no será inmediato, no descarta volver algún día. “No hay como el país de uno, pero mientras tanto sigo aquí trabajando”.

Alegría contenida y sueños de reencuentro

Omaira Gonzáles, oriunda de Caracas, llegó a Ecuador hace tres años. La migración le significó una de las decisiones más dolorosas: dejar a sus hijos en Venezuela para buscar trabajo y enviarles sustento. Al llegar, enfrentó rechazo por su condición de migrante, hasta que consiguió empleo como cocinera en un restaurante.

Para ella, la captura de Maduro es motivo de alegría. “Son 26 años de ese régimen político. Al inicio no hubo problemas, pero después vino la escasez y el dinero no valía nada”. Hoy espera que un cambio político le permita reencontrarse con su familia, aunque no descarta mantener su estabilidad en Ecuador.

Estas voces reflejan una mezcla de alivio, prudencia y memoria. La noticia internacional no borra los años de sacrificio ni garantiza un retorno inmediato, pero reaviva una expectativa común: la posibilidad de que Venezuela encuentre un nuevo rumbo. Mientras tanto, la frontera sigue siendo hogar provisional para quienes, lejos de su tierra, continúan reconstruyendo su vida sin dejar de mirar al norte, donde alguna vez estuvo su casa. NA